Enfermedades marca registrada

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Por: Lina Daniela Carrillo Urrea | Ilustración: Diego Rozo** | Noviembre 2018

Guillermo Botero, ministro de Defensa, aseguró recientemente que el Gobierno está evaluando las medidas necesarias para erradicar los cultivos ilícitos del país con la aspersión aérea de glifosato.

 

Luego de las declaraciones del ministro de Defensa, en Colombia ha vuelto el debate sobre las afectaciones en la salud de personas, animales y plantas por el uso de este herbicida, pues a pesar de que varios estudios científicos hayan dado a conocer las implicaciones en la salud para la vida expuesta a este agroquímico, varios sectores del gobierno, del mismo modo que lo hiciera el defensor de Monsanto, Patrick Moore, hace dos años en un canal de la televisión francesa, aseguran que “el glifosato es inofensivo, podrías incluso beberlo en un vaso”. Sin embargo, ni el uno ni los otros se han atrevido a tomarlo.

¿Qué es el glifosato?

Es el principio activo del producto herbicida Roundup, producido por la multinacional estadounidense Monsanto —recientemente comprada por Bayer—. El químico es absorbido por las hojas de las hierbas que se quieren erradicar, así como también puede ser inyectado en troncos y tallos. Según un informe publicado por Greenpeace en 2011, este activo es “soluble en agua, de amplio espectro y no selectivo, que es transportado a todas las partes de la planta, incluyendo las raíces. Por lo tanto, es capaz de matar completamente incluso a plantas de raíces profundas”.

Si bien Monsanto dice que el producto no es riesgoso para la salud humana, porque es  de baja toxicidad, hay una polémica en torno a esta afirmación, pues son conocidos los casos de agricultores que estuvieron en constante contacto con el químico y desarrollaron cáncer, especialmente un linfoma no Hodgkin (un tipo de cáncer que surge en los linfocitos).

¿Por qué vuelve el debate al país?

En Colombia, con el fin de erradicar cultivos ilícitos, se practicó la aspersión aérea con glifosato hasta mayo de 2015, cuando el Consejo Nacional de Estupefacientes (CNE) aprobó la suspensión de fumigaciones con este agrotóxico, pues en abril de ese año el Ministerio de Salud y Protección Social presentó una carta con recomendaciones para proteger la salud pública, entre las que se encontraba la eliminación de esta práctica.

De ahí que en el Acuerdo de paz (2016) se planteara que, para superar el conflicto, debían erradicarse manualmente los cultivos, pues además de las implicaciones sociales y económicas que trae consigo la aspersión, este químico expone la vida de agricultores, animales y demás componentes bióticos expuestos a su contacto.

No obstante, el nuevo Gobierno no tiene tantos reparos en usar el producto. De hecho, el ministro de Defensa aseguró en la entrevista a la W Radio que “en Colombia se utiliza el glifosato desde tiempos inmemoriales, prácticamente en todos los cultivos. Mientras en el mundo sigue la discusión, nosotros seguimos erradicando hasta el momento que nos digan que ya no se puede utilizar en Colombia”.

Estas afirmaciones preocupan a varias organizaciones sociales del país, que han declarado estar en contra del uso del producto. La Organización Nacional  Indígena de Colombia (ONIC), manifestó el 14 de septiembre de 2018 que: “organizaciones agrarias, sindicales, académicas, partidos y movimientos políticos, agremiaciones, juntas de acción comunal, congresistas y activistas sociales, rechazamos de manera enfática el regreso de estas medidas por ser parte de una política fracasada de los anteriores gobiernos, que no han resuelto las causas estructurales que dieron origen a los cultivos de uso ilícito”.

Discusión internacional sobre el glifosato

En 2015, la Organización Mundial para la Salud (OMS) clasificó al glifosato en el grupo 2A, es decir, en la categoría en la que se hallan productos “probablemente cancerígenos” para los humanos. Esta denominación obedece a que hay pruebas suficientes de que puede causar cáncer —realizadas en animales de experimentación—, pero, estas no son concluyentes, porque en humanos hay “evidencia limitada” de su carcinogenicidad. A causa de esto, varios países han prohibido su uso, entre ellos, Francia.

Vale la pena decir que en la década de los 90 se presentaron escándalos en Estados Unidos por haber encontrado científicos que falsificaron intencionadamente los resultados de las pruebas realizadas en laboratorios contratados por Monsanto en donde se estudiaban los efectos del glifosato.

No somos marca registrada

Fernanda Sáenz, autora del libro Argentina Fumigada, afirma que “nosotros [los seres vivos] no somos producto de laboratorio. No somos “RR” —Roundup Ready, como se llamó en su momento a la soja tolerante al glifosato— y estamos, como todo lo que no sea un organismo genéticamente modificado, expuestos. Igual que los peces, los sapos, las plantas, los pájaros, las lombrices, nuestros compañeros de viaje en la trama de la vida. No somos tan distintos”.

Además es preciso considerar que no solo los agricultores están expuestos al tóxico, sino también los habitantes de las ciudades, pues el glifosato se encuentra en productos que consumimos cotidianamente, como analgésicos, antibióticos, reductores de colesterol, lípidos y antidepresivos, así como en plantas de aguas residuales urbanas en Bogotá y Medellín, tal como afirmaron, en junio de 2018, varios grupos de investigación de universidades en Bogotá, Medellín y Florencia.

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*Pasante de Comunicación Social | USTA, Bogotá

**Pasante de Diseño Gráfico | USTA, Bogotá.

EDITORIAL


“La importancia de la libertad de cátedra es un hecho que a nivel nacional e internacional siempre será defendido. Es pilar esencial en los procesos de enseñanza en todos los niveles educativos, si es que realmente buscamos cambios que mejoren las condiciones de vida de todos los seres humanos”.
Nadia Verónica Velásquez Vallejo Directora Unidad de Gestión Integral de la Calidad Universitaria | USTA, Bogotá

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