El problema de la ideología en la teoría social contemporánea

teoria social contemporanea

Por: María José González Báez* | Ilustración: Karen González** | Mayo 2019

¿Cómo se forma, se transmite y se transforma la ideología en las personas? Esta pregunta ha sido abordada varias veces y de formas diferentes por las ciencias sociales, pasando por el marxismo, hasta el anuncio de la muerte de la ideología después de la caída del muro de Berlín. Sin embargo, los teóricos sociales y culturales contemporáneos han hecho nuevas aproximaciones que valen la pena ser consideradas.

teoria social contempoÚltimamente, es común encontrar —en la prensa y en las charlas entre amigos y familia— ataques a la enseñanza de determinada “ideología” en colegios, escuelas y universidades. Que no les enseñen “ideología de género” a los niños y niñas porque se vuelven homosexuales, que no les enseñen “ideología de paz” si eso implica estar a favor de los guerrilleros, que no les enseñen “ideología de socialismo” porque se vuelven vagos. ¿En serio? 
¿Se le otorga tanto poder a lo que un profesor diga durante unas cuantas horas al mes, en total libertad de expresión de pensamiento y opinión, como para creer que el alumno va a acatar sin chistar su posición? Es más, ¿estamos seguros de que cuando alguien dice «socialismo» o «cristianismo», o cualquier otra palabra que haga referencia a una noción “ideológica”, todos pensamos y entendemos lo mismo? Varios teóricos de la ciencia social contemporánea afirman que no. Entre ellos se encuentra Stuart Hall (1932-2014), sociólogo y uno de los principales referentes en el campo de los Estudios Culturales, quien analizó rigurosamente la relación entre lo cultural y lo político. En El problema de la ideología, Hall argumenta que si bien “el lenguaje es el medio por excelencia a través del cual las cosas se ‘representan’ en el pensamiento”, siendo así “el medio en el que la ideología se genera y se transforma”, también lo es que el lenguaje se puede representar e interpretar de forma diferente porque no está fijado sino que es ‘multirreferencial’: “puede construir diferentes significados alrededor de lo que, aparentemente, es la misma relación o el mismo fenómeno social”. En otras palabras, no todos les otorgamos el mismo significado a las palabras, a pesar de que compartamos el mismo contexto social y cultural. Pensemos, por ejemplo, en la palabra “paz” a raíz de la desmovilización de las FARC en Colombia. Mientras unos la asocian con “democracia”, “reconciliación” y “libertad”, otros la asocian con “impunidad” y “traición a la patria”, por ejemplo. Los más despistados podrán decir que “la paz” no existe o que es difícil de conseguir en el país y que, por eso, prefieren hacer un curso de yoga que les dé “paz interior”. Distintas versiones, asociaciones y significados para un mismo significante (la palabra “paz”) en un mismo contexto (Colombia posacuerdo de paz). Ahora bien, esos significados otorgados están, en cierto sentido, “ideologizados”, pero no se determinan por haber escuchado una charla o a un profesor, sino que tienen que ver, más bien, con la posición que cada uno ocupa en las relaciones sociales en las que se mueve: si soy un político, un excombatiente, una víctima o un estudiante, por ejemplo. Sin embargo, esto no quiere decir que todas las víctimas o todos los estudiantes piensen lo mismo sobre ciertas nociones que se ponen en discurso. Es más: entre miembros de una misma familia, criados por los mismos padres, educados de un modo similar, puede haber (y es deseable que haya) diferencias de pensamiento. En este orden de ideas, no se trata de que “todos los ricos piensan esto” o “todos los pobres quieren lo otro”, puesto que considerar las cosas así no solo aplana las diferencias entre los diversos sujetos que componemos la sociedad, sino que anula el pensamiento: convierte la construcción del saber (que es debate, argumento y contraargumento, prueba y error) en dogma. Si ya sabemos que “todos los de izquierda actúan de esta manera” o “todos los de derecha actúan de la otra”, ¿para qué pensar y problematizar nuestra realidad social si ya tenemos las respuestas? ¿Para qué investigar o discutir diversas posturas? ¿Acaso no es ideológico prohibir la discusión de ciertos temas en clase, so pretexto de “no ideologizar”? Es una clausura del pensamiento prohibir que los profesores involucren a sus estudiantes en determinadas maneras de comprender la sociedad, teniendo en cuenta, además, que gracias a los aportes del filósofo francés Louis Althusser (1918-1990), comprendimos que en las sociedades operan varios “aparatos ideológicos”. Es decir, la formación de la ideología no se reduce a un escenario, sino que en ello inciden la iglesia, la familia, la escuela, las leyes, los partidos políticos, los sindicatos, los medios de comunicación, los deportes, el arte, etc. Por tanto, el problema de la ideología es, justamente, este: no se ve. Para el filósofo esloveno Slavoj Žižek, “ideología” no es lo que uno dice, sino lo que uno hace. Tampoco es lo que uno cree que “debería ser”, porque la ideología no está allá afuera sino que, al contrario, la tenemos tan incorporada, que ni nos damos cuenta de que lo que hacemos es ideológico, o sea, que lo hacemos por herencia histórica (no por ninguna fuerza natural). Por ejemplo, cuando vamos a la escuela o al trabajo, lo hacemos “porque toca”; porque “las cosas son así”. Esto quiere decir que hemos naturalizado el estado de esas cosas. Muy pocas veces nos preguntamos: ¿Por qué las cosas “son así”? ¿Pueden ser de otra manera? ¿Son iguales en otros sistemas sociales, o en otros modelos económicos y políticos? ¿Han sido así siempre? Lo que vivimos, lo que hacemos, lo que pensamos ha sido construido e imaginado socialmente, y por tanto, podría ser deconstruido o abolido, es decir, podría ser diferente. Por eso, si bien en la escuela se enseña con mayor aceptación un modo de ver y pensar el mundo, usualmente afín al statu quo, en tanto se trata de educar (producir) ciudadanos que preserven el orden establecido, también lo es que las personas no somos una tabla rasa que calca a la perfección las ideas que les transmiten, sino que siempre estamos filtrando, modificando, adaptando y contradiciendo lo que nos dicen (aunque no nos demos cuenta). 

*Comunicadora social, egresada de la USTA, Bogotá | Estudiante de Maestría en Estudios Culturales 
**Estudiante de 7.º semestre de Comunicación Social | USTA, Bogotá

EDITORIAL


“La importancia de la libertad de cátedra es un hecho que a nivel nacional e internacional siempre será defendido. Es pilar esencial en los procesos de enseñanza en todos los niveles educativos, si es que realmente buscamos cambios que mejoren las condiciones de vida de todos los seres humanos”.
Nadia Verónica Velásquez Vallejo Directora Unidad de Gestión Integral de la Calidad Universitaria | USTA, Bogotá

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