Se incendia Chiribiquete, patrimonio cultural y natural de la humanidad

chiribiquetePor: Redacción EL BUSCADOR | MJG* | Mayo 2019 

En julio de 2018, la Unesco declaró la Sierra de Chiribiquete, ubicada entre los departamentos de Guaviare y Caquetá, en la zona amazónica colombiana, como patrimonio cultural y natural de la humanidad. 

Sin embargo, la ausencia estatal ha permitido que varios grupos, en su afán de apropiarse de tierras declaradas baldías, talen los árboles y realicen quemas para ocupar el territorio con ganado, así como especular con actividades como siembra de cultivos ilícitos, minería ilegal, extracción de madera y construcción de vías. 

Por su importancia, en 1989, esta se declaró como el área continental protegida más grande de Colombia, cuando el Instituto Colombiano para la Reforma Agraria (Incora) creó el Parque Nacional Natural Sierra de Chiribiquete con casi 1 millón 300 mil hectáreas. Hoy comprende 4 millones 300 mil hectáreas resguardadas. Lo lamentable es que a pesar de ser un “área protegida”, las quemas forestales son frecuentes. Según reportó el portal Semana Sostenible, “de octubre a diciembre de 2018, 75 % de la tala de árboles se concentró en la región amazónica” y “se cree que Chiribiquete ha perdido más de 1.000 hectáreas de su bosque nativo” desde el año 2017. 

 El evento más reciente de incendio forestal se reportó el pasado 16 de abril, un día después del incendio de la Catedral de Notre Dame, pero los medios masivos de comunicación hicieron poco eco de la noticia. Un mes antes, María López, vicepresidenta del Grupo Semana, sobrevoló el Parque Nacional de Chiribiquete, junto a Brigitte Baptiste, directora del Instituto Alexander von Humboldt, quienes fueron invitadas por Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible. López relató así su experiencia en el artículo intitulado “El fracaso del ambientalismo colombiano”: 

 “Es muy posible que mis hijos y los suyos nunca conozcan la mayor extensión de selva que ha tenido nuestro país. El aumento de la deforestación y la invasión de las áreas de conservación que prestan los servicios básicos ecosistémicos están amenazados hoy más que nunca. Y aún más grave: se está fragmentando la conectividad del corredor biológico más importante del país entre los Andes, la Amazonia y la Orinoquia. Hoy vemos cómo queman ese territorio sin que como país tengamos capacidad de reacción. [...] Levantamos vuelo y cuando empezamos a acercarnos [...] el verde y frondoso paisaje empezó a tornarse gris, casi negro, oscuro y seco. El Centro del mundo estaba ardiendo. Están talando y quemando nuestra selva amazónica masivamente, ante la mirada indiferente de muchos y la impotencia de los demás [...] El fuego, mientras tanto, consumía los bosques y el humo alcanzaba a nublar nuestra vista en la avioneta. Pero cuando desaparecía en medio de la vasta manigua, los cultivos de coca y las carreteras ilegales mostraban su huella despiadada”. 

—¡Todo por tres vacas y por la corrupción!, exclamó Baptiste, quien, según el relato de Semana, afirmó que los ambientalistas colombianos están fracasando al no lograr que su mensaje de cuidar la biodiversidad sea contundente. 

 Para algunas personas, el riesgo también está en que Parques Nacionales Naturales (PNN) le ha dado permiso a agencias de turismo para sobrevolar el lugar, lo que ha hecho que pase de ser un área del sistema sin vocación ecoturística a una con vocación ecoturística de alto costo, cuando había sido claro que, para su conservación, no se debería permitir ningún tipo de turismo. 

 Hasta antes de que se estrenara la película “Magia Salvaje”, la Serranía de Chiribiquete era uno de los secretos mejor guardados del país. Hoy no. El periódico El Espectador publicó en 2017, un artículo en el que explicó: “del tamaño de Haití, Chiribiquete se caracteriza por tener 38 mesetas en roca, o “tepuyes”, que emergen verticales entre planicies y selvas húmedas hasta alcanzar una altura de 900 metros, el triple de la Torre Eiffel en París. ¿Qué tienen de especial? En las paredes de estas gigantes mesetas se han encontrado 70 mil pinturas indígenas, muchas de ellas dibujadas en sitios y alturas inalcanzables, aún con medios modernos. Ni científicos ni otros expertos entienden cómo sus autores llegaron hasta esos rincones inaccesibles para pintarlas. Están intactas. Según las pruebas de Carbono 14, que permiten conocer la antigüedad de los materiales orgánicos, tienen más de 20 mil años. “Son fechas tan antiguas que contradicen las que establece la historia tradicional de la llegada del hombre en América”, explica Gonzalo Andrade, un reconocido biólogo y profesor del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia”. 

A pesar de las riquezas del lugar, de la importancia que tiene para las comunidades indígenas que aún lo visitan y lo consideran el centro del mundo, Semana Sostenible afirma que “la meta para frenar la tala indiscriminada del bosque colombiano en el Plan Nacional de Desarrollo [del Gobierno Duque] es de 0 %”. Por eso, hacemos nuestras las palabras publicadas en El Espectador: “Ahora que las FARC, sus guardianes de facto, se han retirado, se hace inminente una discusión sobre su destino. ¿Qué le espera a este lugar y a sus habitantes ancestrales después de la firma de los acuerdos de paz?”

*María José González Báez, editora general.

EDITORIAL


“La importancia de la libertad de cátedra es un hecho que a nivel nacional e internacional siempre será defendido. Es pilar esencial en los procesos de enseñanza en todos los niveles educativos, si es que realmente buscamos cambios que mejoren las condiciones de vida de todos los seres humanos”.
Nadia Verónica Velásquez Vallejo Directora Unidad de Gestión Integral de la Calidad Universitaria | USTA, Bogotá

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