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La libertad de cátedra es esencial para desarrollar ciencia

¿Docentes autómatas o autónomos y responsables?: una reflexión frente a la libertad de cátedra

Por: Nadia Verónica Velásquez Vallejo* | Mayo 2019 

“En un Estado verdaderamente libre, el pensamiento y la palabra deben ser libres”. (Seutonio)

En medio de la división política que estamos evidenciando hoy en el país, no nos debe sorprender que salgan a la luz ideas que van en contra del sentido estricto de democracia, como, por ejemplo, poner en riesgo el derecho de los docentes y, en general, de todos los actores del ámbito educativo frente a la libertad de cátedra, reconocida por la Unesco, consagrada en la Constitución Política de Colombia y considerada como un eje esencial para la construcción del país de manera colectiva.

 La libertad de cátedra es defendida en la sentencia T-588/98 como el derecho que permite a los docentes oponerse a la imposición de instrucciones o mandatos orientados hacia un interés ideológico. Pero no solo se refiere a la libertad del docente, sino que se incluye la participación activa, crítica, reflexiva y permanente de estudiantes, padres de familia y de la comunidad educativa en general, porque, en el sentido más amplio, la libertad de cátedra debe fundamentarse en la construcción de herramientas que de manera creativa, mancomunada y desinteresada permitan dar respuestas a las problemáticas que, como seres humanos, estudiantes, docentes y profesionales debemos afrontar permanentemente, y esto solo se logra a través de un ejercicio estructurado y participativo. 

En pocas palabras, y como lo ratifica el Dr. Julián de Zubiría (2018), la libertad de cátedra es esencial para desarrollar ciencia: procesos de investigación que se verán reflejados en innovaciones que conlleven a aportar al desarrollo del país y a afrontar grandes retos sociales, ambientales y económicos como el hambre, la desigualdad social o el acceso al agua potable y al aire limpio. Pero, para lograr estos nuevos conocimientos a través de la ciencia, las instituciones de educación, sus docentes y estudiantes no pueden sentirse forzados por doctrinas prescritas, porque al permitirlo su función primordial de crear nuevo conocimiento se desvanecería y perdería sentido.

Así, la importancia de la libertad de cátedra es un hecho y, a nivel nacional e internacional, siempre será defendido y considerado un pilar esencial en los procesos de enseñanza en todos los niveles educativos, si es que realmente buscamos cambios que mejoren las condiciones de vida de todos los seres humanos. No obstante, vale la pena preguntarnos: ¿Los docentes y estudiantes reconocen la importancia de la libertad de cátedra? ¿Los docentes y estudiantes son conscientes de su rol y de la importancia del mismo en la construcción de nuevo conocimiento? ¿Hoy en día, en los espacios académicos, sí se está promoviendo la discusión reflexiva frente a las problemáticas locales, regionales y globales? ¿Los bachilleres y profesionales que están saliendo de las instituciones educativas están teniendo una mirada crítica frente a las situaciones de su entorno social y laboral?

Más allá de la discusión del derecho a la libertad de cátedra, es conveniente preguntarse si son los docentes y estudiantes conscientes de la responsabilidad que tienen en sus manos, al ser parte de un sistema educativo que es esencial en la construcción de un país que apunte a un modelo de desarrollo equitativo, inclusivo y sostenible social, ambiental y económicamente. 

Y más aún, estos interrogantes son pertinentes para una Universidad que promueve una visión crítica de la realidad y la búsqueda de alternativas de acción y transformación frente a la sociedad como parte del sistema educativo, y evaluar si además de ser autónomos, estamos siendo realmente responsables. 

*Directora Unidad de Gestión Integral de la Calidad Universitaria | USTA, Bogotá

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“La importancia de la libertad de cátedra es un hecho que a nivel nacional e internacional siempre será defendido. Es pilar esencial en los procesos de enseñanza en todos los niveles educativos, si es que realmente buscamos cambios que mejoren las condiciones de vida de todos los seres humanos”.
Nadia Verónica Velásquez Vallejo Directora Unidad de Gestión Integral de la Calidad Universitaria | USTA, Bogotá

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