Las cargas tributarias de un país empobrecido

DanielPor: Daniel Felipe Bernal Tibatá* | Mayo 2019

El Impuesto de Valor Agregado (IVA) es, según el Instituto Nacional de Contadores Públicos, un “gravamen nacional a las ventas que se aplica en cada una de las etapas de la cadena productiva”, por lo que, entre otras cosas, se cobra en alimentos (cereales, pastas, hortalizas, carnes frías, entre otros), electrodomésticos, ropa o vehículos. La reforma tributaria impulsada por Juan Manuel Santos en 2016 aumentó la tasa del IVA del 16 % al 19 %. 

Las modificaciones que ha sufrido este tributo han sido varias a lo largo de sus 55 años de historia. Según la DIAN, el impuesto surgió en 1963 como un ‘tributo monofásico’, es decir, un cobro realizado en alguna etapa del proceso de distribución o producción de determinado bien, para el campo manufacturero (3 % de cobro) y, en adelante, experimentó un aumento paulatino que llegó hasta el 16 % en el año 2001.

Varios expertos aseguran que el cobro del IVA es uno de los tributos favoritos del Gobierno de turno por la dificultad de los consumidores para eludirlo y la inmediatez de recaudo que se genera a través de este cobro. Cifras de la DIAN revelan que, durante 2017, el IVA representó ingresos por 31,9 billones de pesos (23 % del recaudo total del año).

Precisamente, durante los últimos meses de 2018 volvieron a discutirse las modificaciones al IVA por cuenta de la ‘Ley de financiamiento’ impulsada por el gobierno de Iván Duque. La propuesta económica que más discusión suscitó fue la de gravar algunos productos de la canasta familiar. 

La medida sugerida por Alberto Carrasquilla, ministro de Hacienda, fue recibida con absoluto rechazo por parte de la opinión pública, ya que sectores de clase media, comerciantes, camioneros y demás grupos poblacionales se verían sumamente perjudicados con la decisión (es decir, todos nosotros). Tal inconformismo hizo que el Congreso desistiera de gravar 28 productos básicos de la canasta familiar, entre los que se encuentran el pan, huevos, tomates, papas, carne, pollo, arroz y otros alimentos del consumo diario.

Ahora bien, hay que reconocer que este impuesto es una fuente de ingresos rápida, y que Colombia necesita un fuerte empujón económico para solventar varios problemas monetarios que sufre. No obstante, antes de modificar el IVA es necesario combatir la corrupción que desangra al país; aquella en la que, según un informe de la Contraloría General de la Nación, se pierden 50 billones de pesos al año. Resolver dicho problema daría paso a un recaudo sin precedentes, a través del que se podría obtener el dinero restante para el presupuesto nacional, el capital necesario para rescatar la educación pública, la salud y todas las instituciones que agonizan por cuenta de un terrible mal. Es hora de pensar en alternativas diferentes a gravar los objetos y alimentos de primera necesidad que hacen parte del diario vivir de los colombianos.

*Comunicador social, egresado de la USTA | Bogotá

EDITORIAL


“El departamento de Admisiones y Mercadeo, junto con la Vicerrectoría Académica General, ha diseñado varios espacios para que los estudiantes de colegio puedan encontrar en la USTA una Institución de puertas abiertas”.
Henry Manuel Ortega Jiménez | Director de Departamento de Admisiones y Mercadeo | USTA, Bogotá

- Ver más -