La economía naranja está 'muy verde'

min narajanaPor: Daniel Felipe Bernal Tibatá* | Febrero 2019 

El concepto ‘economía naranja’ ha sido utilizado y replicado por diferentes medios de comunicación desde que Iván Duque lo usó durante su campaña presidencial. 

Grosso modo, esta noción se refiere a una economía capaz de generar diferentes oportunidades laborales a partir del emprendimiento, el arte, la innovación y otras expresiones de creatividad y talento halladas en la sociedad. 

A partir de estos modelos económicos resulta importante el concepto de ‘industrias creativas’, con el que supuestamente se busca potenciar la innovación y la capacidad de ofrecer ideas de diversos grupos de personas. Esta situación ha ocasionado que proyectos de emprendimiento –como Rappi– hayan sido catalogados como ejemplos a seguir en el marco de la economía naranja. Sin embargo, esta iniciativa también ha recibido múltiples críticas por cuenta de la informalidad y falta de garantías laborales que ofrece a sus trabajadores.

A propósito de lo anterior, Guillermo Maya, columnista de El Tiempo, señaló que “las fuerzas del mercado no impulsarán por sí solas la economía naranja”, por lo que, con el fin de poner en marcha este tipo de alternativas, se requiere la implementación de mecanismos que sean capaces de sostener y estructurar un sistema rentable que brinde oportunidades reales a las personas que se acogen a él. De igual manera, este modelo necesita madurar para convertirse en una realidad que sea capaz de modificar las lógicas actuales de trabajo. 

En relación con lo anterior, el DANE reveló que, en septiembre del año pasado, la tasa de desempleo del país alcanzó el 9,5 %, y si bien la cifra se mantiene en un dígito, la misma entidad reportó que en ciudades como Bogotá, Medellín y Manizales, los trabajos informales —dentro de los que se encuentra el oficio de ‘rappitendero’— superan el 40 %, lo que se traduce en más personas trabajando sin un salario definido, ni vacaciones, ni dotación, ni afiliación al sistema de salud y, mucho menos, sin prima, cesantías o pensión. 

Esta situación revela que la “prometedora” economía naranja realmente no ofrece las suficientes oportunidades laborales para artistas, dramaturgos, emprendedores y demás oficios relacionados con la creatividad. La ley así ejecutada refuerza el monopolio de las ya existentes industrias culturales y propicia la eventual pérdida de valor del arte, pues a través de los procesos de mercantilización, los artistas son entendidos apenas como proveedores de bienes y objetos.

Al respecto, Ariel Peña González, escritor y dirigente sindical, señaló en el portal Las2Orillas que “el arte y la cultura jamás deben estar al servicio de regímenes totalitarios como el fascismo, el nazismo y el comunismo”, ya que su relación desvanece la condición creativa, libre e independiente que hacen parte de tal expresión. Y a pesar de que con la economía naranja se corre el riesgo de mercantilizar el arte y desvirtuar eventualmente su valor, Peña asegura que el desarrollo de este modelo económico facilitaría las condiciones para la “reivindicación de los creadores y gestores culturales”, por medio de la aparición de una estructura que formalice las condiciones laborales de empleos relacionados con el arte.

Sin embargo, “los siete pilares sobre los que se sostiene la economía naranja son como los siete enanitos” —dijo el presidente Duque el año pasado en la sede de la Unesco en Francia—, pero no porque el siete sea un número importante para la cultura —como prosiguió—, sino porque sus principios devienen ficciones cuando a estos se les inflan sus supuestos beneficios, pues hasta el momento solo se han evidenciado falencias en la seguridad social de los trabajadores, a partir de los casos de Rappi y Uber. 

No obstante, sería injusto decir que este modelo económico es un fracaso, ya que algunos ejemplos del plano internacional dan cuenta de lo contrario. Tal es el caso de las aplicaciones Glovo (plataforma que opera de la misma manera que Rappi y que surgió en Barcelona, España) y Mr. Jeff (una plataforma para lavar y planchar ropa a domicilio también surgida en España), las cuales sí están reguladas, es decir, pagan seguridad social y brindan garantías laborales a sus trabajadores. 

Por tal razón, es necesario que el Gobierno regule, de manera efectiva, algunas de las expresiones de economía naranja que vienen operando en el país y construya también un sistema económico que garantice la formalidad de los oficios relacionados con el arte. Es una tarea difícil, pero Colombia necesita explorar nuevas oportunidades laborales que sean capaces de reducir las condiciones de trabajo injustas que perjudican a sus ciudadanos.

*Pasante de Comunicación Social | USTA, Bogotá 
**Pasante de Diseño Gráfico | USTA, Bogotá.

EDITORIAL


“Tenemos derecho a respirar aire puro y a tomar agua libre de cianuro de minería. El desarrollo sostenible debe estar por encima de un sistema neoliberal que base su crecimiento en el paradigma del capital, sin tener en cuenta la vida futura”.
John Jairo Martínez Álvarez | Docente de Economía | USTA, Tunja.

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OPINIÓN


laurajulianaPor: Laura Juliana Ruiz B. | Abogada, egresada de la USTA, Master en Derecho y Políticas Públicas USAL, experta en leyes Anticorrupción American University

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