Debate: Gobierno levanta veda para exportar piel de caimán

min debatePor: María José González Báez* | Febrero 2019

Cuando los usuarios de redes sociales se enteraron de esta medida, el hashtag #DuqueRespeteALosCaimanes se volvió tendencia puesto que en 2002, el caimán aguja (Crocodylus acutus) entró a la categoría Peligro Crítico por su alta probabilidad de extinción. No obstante, expertos aseguran que la medida es muy conveniente para proteger la especie. 

El pasado 23 de enero se desató una polémica en redes sociales, cuando el Instituto Humboldt anunció que “la Dirección de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS), levantó parcialmente la prohibición para el comercio del caimán aguja o caretabla, en el Distrito de Manejo Integrado (DMI) de los manglares de la bahía de Cispatá, Tinajones, La Balsa y sectores aledaños, en el departamento de Córdoba”.

El Instituto asegura que esta medida se da luego de 15 años ininterrumpidos de procesos de investigación y conservación con parte de comunidades, autoridades ambientales e institutos de investigación, con quienes se trabajó conjuntamente para evitar la caza ilegal del caimán aguja, puesto que su piel es vendida en el mercado ilícito. Así las cosas, lo que se propone es que las comunidades de esta zona lo cacen legalmente, es decir, que se haga de una forma que garantice la reproducción de la especie y no la lleve nuevamente al peligro de extinción. 

“Lo que esta medida garantiza es que los caimanes adultos no sean cazados, así como tampoco permite que personas ajenas a las comunidades locales vayan a matarlos. [...] La resolución es óptima porque cuando se cazan los caimanes aguja de manera ilegal, muchas veces se extraen los adultos, hecho que perjudica la sobrevivencia de la especie, en tanto no hay quien reproduzca. En cambio, si se autoriza la recolección de huevos de los nidos para hacer incubaciones controladas por la CAR en temas de neonatos y juveniles, no solo se le permite a la comunidad reproducir el caimán con fines comerciales, sino que no se atenta contra los adultos, que son los que generan nuevos individuos”, explica Ángela Hernández, ingeniera forestal y especialista en gerencia de recursos naturales de la Universidad Distrital. 

Sin embargo, varios activistas defensores de derechos de los animales aseguran que la medida no es ética y cuestionan fuertemente que este sea un “emprendimiento para la conservación de la biodiversidad”. De hecho, muchos se preguntan por qué 15 años de investigación —como dice el Humboldt— dieron como resultado hacer lo mismo que antes: pelar caimanes para vender su piel al extranjero. 

Si durante 15 años las comunidades tuvieron prohibido cazar caimanes aguja como método de subsistencia, quiere decir que se vieron en la necesidad de encontrar nuevas fuentes de sustento, entonces, ¿por qué no potenciar aquellas que no signifiquen matar animales? ¿Por qué avalar una actividad comercial que tiene el único fin de criar caimanes aguja, para luego matarlos, quitarles la piel y venderla? ¿Se justifica crear una industria de este tipo, en pleno siglo XXI, para seguir satisfaciendo los deseos de personas que anhelan lucir orgullosas unos zapatos o una cartera de piel? 

De un lado, quienes defienden la medida, como Hernández, aseguran que “no toda prohibición desestimula el consumo”, es decir, que a pesar de que estuviera prohibido cazar caimanes aguja, la demanda de piel existe y el mercado ilegal también. Entonces, es mejor regular la actividad siguiendo los protocolos de CITES, que es el Convenio Sobre Comercio Internacional de Fauna y Flora Silvestres del cual hace parte el país. Si CITES determina que los volúmenes de extracción no ponen en riesgo la supervivencia de la especie, este será un emprendimiento exitoso en tanto no solo protege a los caimanes sino que mantiene a la comunidad en la legalidad. 

Asimismo, hay partidarios de la medida que dicen que sus opositores —los animalistas— son personas privilegiadas que no comprenden las necesidades de supervivencia de las comunidades, y que se indignan desde una ciudad como Bogotá, por ejemplo, en la que no tienen que enfrentar situaciones como esta para lucrarse.

interna debateRespecto a estos señalamientos, los críticos de la medida aseguran que dicho pensamiento es condescendiente con las comunidades, pues significa asumir que ellas no tienen la creatividad para cambiar de actividad económica, así como tampoco son capaces de tener una consciencia sobre los otros seres vivientes con quienes comparten territorio. 

Además, hay quienes, como la escritora Carolina Sanín, aseguran que es un contrasentido “montar peladeros de animales en el postconflicto, en un país que dice querer fomentar una cultura de la no violencia, la convivencia y la no discriminación”. Sanín critica asimismo que este proyecto no tenga consideraciones éticas y que en nombre de la ciencia y la técnica se avale masacrar animales, bajo eufemismos como “recoger huevos” y “extraer caimanes”. 

Por último, los detractores creen que si se trata de pensar en otros mundos posibles, en donde el ser humano no conciba la naturaleza como mero recurso a explotar, es preciso generar alternativas que le permitan a él relacionarse con ella de otra manera. ¿Usted de qué lado está?

*María José González | Editora general. 

EDITORIAL


 “Fuertes raíces soportan el bosque violeta: las 20.000 mujeres de las fábricas neoyorkinas (1909), las sufragistas inglesas (1918), las independentistas barcelonesas (1939), las madres de la plaza de mayo (1977), las de los pañuelos verdes (2017) y la Ruta Pacífica de las mujeres en Colombia (1996)”. 
Eloisa Vargas Moreno | Docente de Maestría en Planeación para el Desarrollo | USTA, Bogotá.

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Por: Laura Daniela Gómez Delgado | @lalalan.g | Estudiante de 7.° semestre de Diseño Gráfico | USTA, Bogotá

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