editorial 1

Camilo sigue suscitando una fascinación casi mística

A 90 años del nacimiento de Camilo Torres, hablemos de amor

Por: Sigifredo Romero* | Febrero 2019

No son pocos los que señalan las enormes semejanzas entre el momento político que vivimos y el de la emergencia del fascismo en los 1920 y 1930: movimientos de masas liderados por machos blancos de expresión adusta y cabeza hueca, discursos de odio y de exterminio y triunfo expresivo de la irracionalidad sobre la aparente racionalidad de la democracia liberal.

Y sin embargo, más allá de la espuma del momento, no son tantos los que intentan excavar en el contexto sociocultural que ha permitido esta repetición de la historia como farsa.

Es por ello que hoy, a 90 años del nacimiento de Camilo Torres Restrepo, su pensamiento continúa urgente.

De Camilo (así, por su nombre de pila) seguimos hablando después de varias décadas y sigue suscitando una fascinación casi mística. Quizás esto obedezca a su aparentemente incomprensible particularidad socio-política: un sacerdote católico de familia acomodada convertido en guerrillero y mártir de la izquierda revolucionaria.

Más allá de lo pintoresco del personaje y de su tan debatida opción por la violencia, esta particularidad se encuentra también en su pensamiento. Camilo, el sacerdote católico, vivía por el amor al prójimo; Camilo, el académico, aplicaba las metodologías propias de la sociología a la comprensión de los problemas sociales.

Aquí lo aparentemente irreconciliable es en realidad una unidad indisoluble: si la sociedad, conformada por todos mis semejantes, tiene problemas, resulta imperativo comprenderlos para siquiera poder vislumbrar soluciones.

Justamente, Émile Durkheim, un sociólogo estudioso del hecho religioso, apuntaba a la solidaridad como base de las relaciones sociales. La sociedad existe, entre otras, porque somos seres limitados que necesitan y son necesitados por sus semejantes. Aquello que une a la sociedad comparte la misma naturaleza de las relaciones materno-filiales, conyugales, etc., es decir, lo que comúnmente llamamos amor.

No obstante, en los últimos 40 años, se instaló en la sociedad occidental una hegemonía ideológica heredera del darwinismo social que, al tiempo que niega la solidaridad, trabaja para destruirla. Margaret Thatcher llegó a decir: “there is no such a thing as society”. Con ello negó la existencia de estructuras, relaciones, culturas, pero también anuló a la antropología, la sociología y la historia.

Y en su ferocidad hacia lo público, la hegemonía neoliberal ha atacado consistentemente el tejido social hasta dejar una sociedad vaciada de solidaridad que intenta sobrevivir a partir de seres aislados, apáticos y convencidos de la superioridad de su propio yo.

No sorprende por tanto que de allí hayan resurgido discursos que ridiculizan la razón, construyen muros, culpan a las minorías por los problemas sociales y proponen abiertamente la muerte como doctrina.

Camilo fue una figura controvertida cuanto más en su faceta final de guerrillero que señala grandes peligros en la acción política. Sin embargo, su legado más poderoso, el de su pensamiento, permanece vigente en un mundo acechado por ideologías antisociales. Tal legado es una enseñanza sobre el lazo existencial entre el amor al prójimo y la sobrevivencia social.

*Docente-investigador | Instituto de Estudios Socio-Históricos Fray Alonso de Zamora (Ieshfaz) | Departamento de Humanidades y Formación Integral | USTA, Bogotá 

EDITORIAL


 “Fuertes raíces soportan el bosque violeta: las 20.000 mujeres de las fábricas neoyorkinas (1909), las sufragistas inglesas (1918), las independentistas barcelonesas (1939), las madres de la plaza de mayo (1977), las de los pañuelos verdes (2017) y la Ruta Pacífica de las mujeres en Colombia (1996)”. 
Eloisa Vargas Moreno | Docente de Maestría en Planeación para el Desarrollo | USTA, Bogotá.

- Ver más -

OPINIÓN


oso millennial

Por: Laura Daniela Gómez Delgado | @lalalan.g | Estudiante de 7.° semestre de Diseño Gráfico | USTA, Bogotá

(seguir leyendo...)