Nadia Murad y su camino para ser la última

min murad nadia bPor: Daniela Castillo Manosalva* | Febrero 2019

Leer una biografía siempre te mostrará de forma subjetiva la vida de alguien. De todas las que han llegado a mis manos, la de Nadia Murad es, sin lugar a duda, la más desgarradora. 

El año pasado Nadia fue galardonada con el Premio Nobel de Paz por su lucha y por ser un símbolo de esperanza; su historia de vida dejó en el camino la sangre de las personas a las que más amaba.

Nadia es yazidí (no sabía lo que significaba este término hasta encontrarme con el libro): se trata de una minoría en el norte de Irak , cuyo credo es poco aceptado por las religiones y grupos que la rodean geográficamente. Pero, ¿cómo, de esa minoría, se destaca Nadia y logra que el resto del mundo sepa su historia y el genocidio de su pueblo?

La más pequeña de la familia, la menor de once hermanos, tuvo que ser testigo del asesinato, a manos del Estado Islámico (EI), de vecinos, amigos y familiares; entre ellos, seis de sus hermanos y su propia madre. La razón: no compartir sus creencias. 

Aunque los yazidíes han estado amenazados históricamente, en 2014 comenzaron algunas extrañas desapariciones de granjeros y animales: eran amenazas del EI pero que los yazidíes no comprendieron en su momento.

Luego de contarnos esta primera parte tan macabra, Nadia hace un alto en el camino, para contarnos sobre su infancia, su familia humilde, la separación de sus padres y sus sueños —tan sencillos como prepararse para ser estilista, aprender sobre maquillaje y trabajar desde casa en ello para acompañar a su madre—, los cuales se desvanecieron a sus 23 años, cuando fue llevada como esclava sexual. A través de las páginas de Yo seré la última, crecemos con la protagonista y llegamos a compartir su miedo cuando llega a la edad adulta y experimenta el pánico de un ataque directo a su comunidad.

Luego de ver tanta muerte, era imposible no pensar que la suya se aproximaba, pero… ¡escapó! ¡Escapó! Es tan improbable que alguien logre escabullirse del EI, pero Nadia lo logró.

De seguro estas cosas siguen ocurriendo, y este es un testimonio más de la crueldad humana y la forma en que la religión, basada en el fundamentalismo, sigue siendo un arma de poder y destrucción en muchos lugares del mundo, pero Nadia no pudo elegir un mejor título que este: Yo seré la última, una frase que ojalá fuera verdad

*Comunicadora social, egresada de la USTA, Bogotá 

EDITORIAL


 “Fuertes raíces soportan el bosque violeta: las 20.000 mujeres de las fábricas neoyorkinas (1909), las sufragistas inglesas (1918), las independentistas barcelonesas (1939), las madres de la plaza de mayo (1977), las de los pañuelos verdes (2017) y la Ruta Pacífica de las mujeres en Colombia (1996)”. 
Eloisa Vargas Moreno | Docente de Maestría en Planeación para el Desarrollo | USTA, Bogotá.

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OPINIÓN


oso millennial

Por: Laura Daniela Gómez Delgado | @lalalan.g | Estudiante de 7.° semestre de Diseño Gráfico | USTA, Bogotá

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