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Kilix, el cáliz del Catatumbo

min kilixPor: Margie Fernanda Carrillo Sánchez, Yisell Garcia Ramirez, Yissela Granados Urrego y Jessica Lorena Tautiva Vargas* | Febrero 2019

En el bajo Catatumbo se ubica el corregimiento Campo II. La comunidad dominica lleva cerca de 60 años en el territorio y, en ese tiempo, se han configurado como los principales mediadores entre la comunidad y los diferentes grupos armados presentes en la zona.


La acción de los dominicos en la región 

Más que hacer ritos eclesiásticos y celebrar los sacramentos eucarísticos, los dominicos se han dedicado a la reconstrucción del tejido social a partir de la educación. Han formado a la comunidad en la reconciliación, la no violencia y el diálogo como otro camino posible para solucionar conflictos.

Las familias con las que trabajan son víctimas directas de la guerra, habituadas a secuestros, amenazas y torturas. En general, la población ha crecido con la idea de que la violencia es su única opción de vida. Muchas madres han perdido a sus hijos, y los jóvenes son seducidos por grupos armados con dinero. 

Adrián Camilo Albarracín Galviz, joven de 16 años y estudiante de la Institución Educativa Colegio Integrado Campo Dos - Tibú, afirma que estos grupos “los convencen de unirse a las milicias y les prometen protección a ellos y a sus familias. Por eso es que muchos eligen las armas antes que la escuela, pues varios afirman que en esta no se aprende nada. Además, como viven en una zona rural, hay más facilidades de ponerse a trabajar que de ir al colegio. Muchas veces los padres no dejan ir a sus hijos a la escuela [porque los hijos] para ellos es como tener más trabajadores: representan un beneficio económico”. 


No son las guerrillas, es la ausencia estatal 

Fray Wilmar Yesid CRUZ CORTÉS, O. P., presta servicio en este corregimiento desde hace tres años. Para él, “la presencia de los grupos armados en el territorio obedece al abandono del Estado en temas de políticas públicas, que no necesariamente deben traducirse en más seguridad, sino en más educación, vivienda y condiciones dignas para la sociedad”.

Sin embargo, dado que solo hay presencia estatal mediante la militarización de la zona, la Iglesia se encarga de llevar a cabo algunas obras para mitigar el conflicto. Por eso, trabaja por que los niños, niñas y jóvenes asistan a clases de música y aprendan a tocar instrumentos, pues en El Catatumbo los chicos solo tienen tres opciones de vida: “unirse a los grupos armados, trabajar en la producción de coca y pasar sus días en el billar del pueblo”, dice. De este modo, y con el apoyo de varias personas y organizaciones de la sociedad, la Iglesia “le ha quitado jóvenes y niños a la guerra”, añade. 

En este escenario surgió Kilix, una agrupación juvenil que realiza diversas actividades con la comunidad bajo la dirección de los frailes dominicos. Dentro de las actividades más destacadas se encuentran la interpretación de piezas musicales, la realización de campamentos y salidas pedagógicas, entre otras. Su nombre, en griego, significa “cáliz” en español. 

Según fr. Wilmar, el grupo tiene como misión “sacar sonrisas y brindar otras oportunidades de vida a la población”. Adrián, quien también es integrante del grupo, explica que “se llama así porque nosotros somos esa copa que se llena del amor y servicio que Dios nos da”. Además, asegura que “Kilix es increíble, pues gracias al grupo, hoy soy un buen estudiante. Me nace aprender y apreciar cada conocimiento que recibo en la escuela. [...] Estoy motivado para estudiar medicina”.

Cómo él, otros niños y adolescentes han cambiado el modo de ver su entorno, aquel en el que la violencia aparece como único camino posible.

Nota: Este artículo es un compendio de los productos comunicativos que integran
el proceso de investigación para trabajo de grado. El proyecto Narrativas de la Guerra - Relatos del conflicto armado Campo Dos, Tibú cuenta con una alianza estratégica entre la comunidad dominica del corregimiento, la Dirección Nacional de Evangelización
y Cultura, y la Facultad de Comunicación Social.

*Estudiantes de 9.° semestre de Comunicación Social para la paz | USTA, Bogotá.

EDITORIAL


“El departamento de Admisiones y Mercadeo, junto con la Vicerrectoría Académica General, ha diseñado varios espacios para que los estudiantes de colegio puedan encontrar en la USTA una Institución de puertas abiertas”.
Henry Manuel Ortega Jiménez | Director de Departamento de Admisiones y Mercadeo | USTA, Bogotá

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